viernes, 3 de diciembre de 2010
Prosa rimada
Está Vivaldi con sus cuatro estaciones (aunque yo nunca he salido del invierno), y la Maga de la Rayuela de Cortázar y la magia de todo José Alfredo. También hay tardes memorables en que el vaso está lleno, y el Zócalo se puede frecuentar, y afuera del Metro Allende siempre hay cerca un bar, una charla, una cerveza, un “Hola” y un “Goodbye”. Y Allan Poe tratando de explicar el universo, y yo digo “Eureka, no hay nada que explicar”. Esta prosa rimada es la niña mimada que se niega a besarme porque la castiga su madre. Lo que quiero decir, es que buscándole un poco, hay razones pa vivir, hay gente cuerda y muchos locos, novias que no me recuerdan, ni yo tampoco. Qué tristes las vías del Metro cuando hay un cuerpo que levantar, yo prefiero un futuro incierto antes que esa puta realidad, prefiero vivir muriendo que morirme y ya. Están los alucines de cada jueves, están los veinte poemas de amor, nunca estamos solos teniendo Delirium Tremens, sexo, droga y rocanrol, más una canción desesperada, todo dentro de esta alma siempre despreciada. Mejor eso que arrastrarme veinte metros en Guerrero, mi estación tocaya, mejor evadir el beso de la muerte y acariciar el cuerpo de la guitarra, mejor apostárselo todo a la suerte y perder y empezar desde nada. Está mi familia disfuncional (cuánto la adoro), igual a todas las demás (excepto en el modo), la parienta que me parió y se fue cuando era niño, a mi pesar la sigo viendo cada día en el espejo, la abuela que me adoptó y me da tanto cariño, a una la quiero bien, a la otra ni de lejos, pero escojo malvivir y blasfemar, no me voy a rendir aunque haya perdido ya, la quincuagésima es la vencida, si no miren al que esto rima, cómo sigue de pie, será porque todavía hay tequila.
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