miércoles, 9 de marzo de 2011

Dueña del sol

Y después, qué sigue, después de la dolorosa liberación de energía soterrada de la que creía carecer, después de quedar exhausto (ahora sí), qué tengo que hacer. Pedirle disculpas, ponerme a llorar, desatar sus brazos de la cabecera matrimonial. Nada que diga, nada que haga, puede resarcir el daño que hice cuando dije que la amaba. Así como yo, ella permanece estática, removiendo en su vientre las cenizas que dejó la fogata mágica. Se pregunta qué pienso mientras miro su mirada perdida en una constelación distante de manchas en el techo, ha de creer que hilvano un verso, ayer la hice dueña del sol, la emparenté con un satélite cercano, pero hoy quisiera preguntarle qué hemos hecho (y si lo vamos a volver a hacer). La hermana bonita de la luna no durmió hoy con su madre, pero no le preocupa, ella no le da explicaciones a nadie.