¿Se pudo o no se pudo? Preguntó el felpudo. ¿O es que ya no se te pone duro? No lo dudo, continuó: no lo dudo que con tanto nudo en la garganta, cualquier mudo te espanta si te levanta la voz, y luego vengas sin ánimos para cumlir tu misión. Déjame decirte, mocoso, que en el talón no hay reembolzo.
Y yo le contesté: Disculpe usted, es la primera vez que a mi pez no le da sed. Luego de una pausa, agregué: A causa no sé de qué. Será el pulque, o, como usted dice, el susto en la panza. En fin, es su acierto y yo me despido con mi archivo muerto a contar a mis amigos que la meto y la meto con mi pez tuerto.