domingo, 9 de enero de 2011
Brotando
Me divierto mucho jugando a ser yo, imitándome a mí mismo, no de una manera solemne como cuando se hace por admiración, no, sino a modo de parodia, me hago bromas de mal gusto y burlas despiadadas. Si te interesa también te lo puedo hacer a ti, si te atreves a cambiar tu moneda por mi divisa devaluadadeslavadasalvada, miles de veces auxiliada por bancos quebrados. Me divierto fraguando mentiras más sólidas que su frívola antagonista, haciendo creer mas no engañando, sino rodeando un poco antes de llegar al mismo lugar, zumban las abejas los helados de excremento y de cemento, de mierda y hierba. Tu cesión es mi nueva diversión. Abre la puerta, no prendas la luz, siéntate al lado de tu hueco, vuelve la vista hacia las nubes, devuelve la vida a su regazo.
Bloguerrero
La vida está allá afuera, dice el niño bastardo de los ojos de algodón, lo cual es una verdad a medias porque la vida y la cartera son las dos cosas que uno más pierde en la vida. Por ser tan insignificantes, siempre se olvidan, en una banca, en la barra de la cantina, en un eclesial bostezo dominguero, en el camión. Afuera o adentro da lo mismo, la vida a veces está y otras no está, piensa el niño bastardo de los ojos de algodón, mirada de hierro candente que no se despega de su laptop. Los fines de semana los pasa, sin excepción, en Cuernabook, es cristiano por imposición pero blogger por convicción, lector asiduo de posts de quinta (o de primera, que es lo mismo). Nadie lo rescata de la red porque él no pide ser salvado, y, además, ¿de qué o de quién hay que salvarlo? si aquí cada quien se entrega en humano sacrificio o monta sus armas con lo que hay. Si de alguien hay que guardar al niño bastardo de los ojos de algodón, es de su mundo intransitable y su traicionero superyó.
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