domingo, 27 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
Angustia
Calma, cobarde alma,
mira despuntar el alba
y al cielo inerte cobrar
vida a la luz de tu mirada.
mira despuntar el alba
y al cielo inerte cobrar
vida a la luz de tu mirada.
viernes, 11 de marzo de 2011
El que nace para artista...
Era un tipo limpio mi amigo y así lo evidenciaba su piel lechosa y lampiña. Cabello arreglado, lacio e inamovible, como el temperamento de su dueño. Nunca se le descarriaba ningún pensamiento, parecía carecer su cerebro de esa zona cenagosa y mórbida de la que manan, en cantidades iguales, los fangos de la sublime creatividad y las aguas picadas de la simple demencia. Y, sin embargo, se decía artista, mi amigo, no obstante su falta de amargura, de muelas cariadas. Y, ciertamente, lo era, escribía complejísimos poemas, ganaba premios de novela, se le reconocía en el país.
Tuve otro amigo que, en cambio, contó con todas las ventajas, con la personalidad maniaca y el desaseo voluntario, pero no conseguía escribir, de su neurosis sólo salían gritos y rasguños, y, a veces y con suerte, una que otra narración estrafalaria. Pero, en general, su exageración y locuacidad lo único que le acarreaban era problemas, imaginarios la mayoría, mas no por ello menos agobiantes que los reales. Conservaba esa vieja idea de que el alcohol concedía genio y se emborrachaba escribiendo versos. Ninguno era suficientemente bueno y lo sabía pero no creía que fuera culpa del hada verde sino suya por no saber escucharla adecuadamente.
Ambos están muertos hoy, enterrados tres metros bajo mi piel, el primero se mató y al segundo lo maté. O, quizás fue al revés.
Tuve otro amigo que, en cambio, contó con todas las ventajas, con la personalidad maniaca y el desaseo voluntario, pero no conseguía escribir, de su neurosis sólo salían gritos y rasguños, y, a veces y con suerte, una que otra narración estrafalaria. Pero, en general, su exageración y locuacidad lo único que le acarreaban era problemas, imaginarios la mayoría, mas no por ello menos agobiantes que los reales. Conservaba esa vieja idea de que el alcohol concedía genio y se emborrachaba escribiendo versos. Ninguno era suficientemente bueno y lo sabía pero no creía que fuera culpa del hada verde sino suya por no saber escucharla adecuadamente.
Ambos están muertos hoy, enterrados tres metros bajo mi piel, el primero se mató y al segundo lo maté. O, quizás fue al revés.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Dueña del sol
Y después, qué sigue, después de la dolorosa liberación de energía soterrada de la que creía carecer, después de quedar exhausto (ahora sí), qué tengo que hacer. Pedirle disculpas, ponerme a llorar, desatar sus brazos de la cabecera matrimonial. Nada que diga, nada que haga, puede resarcir el daño que hice cuando dije que la amaba. Así como yo, ella permanece estática, removiendo en su vientre las cenizas que dejó la fogata mágica. Se pregunta qué pienso mientras miro su mirada perdida en una constelación distante de manchas en el techo, ha de creer que hilvano un verso, ayer la hice dueña del sol, la emparenté con un satélite cercano, pero hoy quisiera preguntarle qué hemos hecho (y si lo vamos a volver a hacer). La hermana bonita de la luna no durmió hoy con su madre, pero no le preocupa, ella no le da explicaciones a nadie.
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