Me oculto de quien soy en la azotea, cuelgo una toalla de varilla a varilla que me tape del sol, me quedo muy callado, de mi cabeza no sale ni una mosca, quieto cascabel envenenado, la vista clavada en la espalda significa que la vista clavada en la espalda, y esto, a su vez, que la teoría más acabada está en pañales y hecha caca, la teoría para la que me alcanza es vive al día y sin nostalgia, pero no siempre pago esa esperanza, y hoy llegan aquí clamores de argumentos que sugieren desaliento, que se queman en mi lengua en el caldo de un té bebido lento en el averno, siento una pedrada en el zapato de la sien descalza, y una blasfemia me hace ver que mi carátula es nefasta, doy un paso muy, muy parecido a los pasos que siempre he dado, ¿se podría decir que he repetido el mismo paso con distintas piernas toda la vida?, me encuentro con que yo soy quen soy y no me parezco a naiden, curiosa coincidencia la de coincidir uno consigo mismo en la azotea.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Capitán crujiente
Llamas a la vista, gritó el capitán crujiente cuando, ayudado por su catalejo, vislumbró las costas de una tierra santificada en el suicidio de sus coterráneos, pero su barco de concreto naufragó en ese preciso instante y de la tripulación no quedaron ni astillas. Hay infiernos más cercanos que la hoguera del diablo, se entretejen en el fuero interno asociándose a discreción con lo cotidiano, crujió el capitán en sus últimas, saladas, palabras. El fuego de la ciudad proliferó, había estrellas incrustadas como piedras en el suelo que arrasaban las praderas, mientras, los pulmones del capitán cru
Llamas a la vista, gritó el capitán crujiente cuando, ayudado por su catalejo, vislumbró las costas de una tierra santificada en el suicidio de sus coterráneos, pero su barco de concreto naufragó en ese preciso instante y de la tripulación no quedaron ni astillas. Hay infiernos más cercanos que la hoguera del diablo, se entretejen en el fuero interno asociándose a discreción con lo cotidiano, crujió el capitán en sus últimas, saladas, palabras. El fuego de la ciudad proliferó, había estrellas incrustadas como piedras en el suelo que arrasaban las praderas, mientras, los pulmones del capitán crujiente respiraban agua de océano. Hacia el cielo trepaban los cuerpos en el humo de cuanto hombre, niño y dama se entregó al goce de la muerte arcaica. Se ahogó de ser crujiente el capitán y desde entonces lleva una dieta a base de lirios y arrecifes de coral. Los árboles todavía reverdecen allá donde ayer hubo sangre, y los tweets se esparcen al caminar en un billón de oídos, mientras los oídos del capitán crujiente se reventaron hace ya...
jiente respiraban agua de océano. Hacia el cielo trepaban los cuerpos en el humo de cuanto hombre, niño y dama se entregó al goce de la muerte arcaica. Se ahogó de ser crujiente el capitán y desde entonces lleva una dieta a base de lirios y arrecifes de coral. Los árboles todavía reverdecen allá donde ayer hubo sangre, y los tweets se esparcen al caminar en un billón de oídos, mientras los oídos del capitán crujiente se reventaron hace ya...
Regalar un rifle en navidad
Me puse mi mejor trajecito submarino y vine a mi estómago bañado en sangre (en alcohol mariné mis intestinos desde que era un niño de 15 o antes) a mirar de cerca la inundación de mi Atlántida, y saqué en limpio la conclusión de que morir debe ser algo hermoso, mientras, la TV, en la parte más álgida de la entrevista, se apagaba, luego de preguntarle a Lady Gaga si se casaría de blanco, o, en caso de incomodarle ese color, qué otro. Luego, hubo una fuga de gas en el laboratorio de la consciencia, se derramaron muchos líquidos y toda la materia muerta que se pudría y no llegaba a mis intestinos se hizo batidillo sin ninguna ciencia, las nubes tóxicas, que se disipan por mis ojos, colorean el horizonte pero enturbian su cristal, y por breves minutos, eso que se esconde en el ático se hace visible, aunque no siempre me atrevo a ver. Por eso he pensado que sería bueno tener un rifle, o regalar uno en navidad, para ponerlo firme en la boca en mañanas como ésta en que la TV apesta a cortocircuito, el internet está frío, y el smartphone vacío, y se siente el deber de dispararle a ese animal que cohabita en el delirio sin más misión que el control del libre albedrío.
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