miércoles, 1 de diciembre de 2010

Alguien bajo las sombras

Había alguien detrás de mí, no podía verlo, pero lo escuchaba claramente, lo olía. Olía a queso rancio, lo imaginaba como un anciano milenario, de nariz aguileña, desdentado, gris como la ceniza más espesa, con un chueco gancho por sonrisa, los ojos acuosos sumidos en cuencos profundos. Qué quería de mí, no lo sabía, pero no me daba un respiro.
     Creía que con tallarme con mucho jabón podría quitarmelo de encima...

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