miércoles, 8 de diciembre de 2010

Eco de un aliento

Desde el eco quebradizo de tu voz atormentada se oye una sábana en llamas de seda verde que amenaza con destruir la calma en desesperilandia. Te hago notar si no lo has hecho que aquí dentro la altura del cielo está a tus pies y hay un abismo entre las nubes ¿Hace cuántas nubes que no ves el sol? ¿Hace cuántos soles que no te llueve? ¿Hace cuánta agua te ahogaste? ¿Hace cuántos años que no te desahogas? ¿Hace cuántos gritos que no haces eco?
Gente viajando de aquí para allá en las fauces secas de una lengua gruñona a través de mi cabeza. Se pisan. Se gritan. Se arrebolan. Se olvidan de sí mismos. El cielo colmado de cuerdas que cuelgan tu nombre que no perdona que, no habla, que no se acuerda de mí.
Estamos tan cerca del roce pero nos separa una tempestad en calma como la marea de una lágrima desvelada en la memoria. Me dices con la vista Era mentira. No lo creo ni un instante porque sé que Era verdad y te lo sostiene mi mirada fija en una seña particular de tu débil conciencia. Miras hacia fuera por el eco de un aliento deseando que el camino fuera un poco menos largo y no se cruzara con el mío. Pero sabes que en cuanto te encuentres sola desearás estar conmigo tanto como estar sin mi.
Desde el eco quebradizo de tu voz atormentada escapa una débil palabra antes de que abandones el lugar común. Adiós. No hemos vuelto a coincidir pero olvidaste desalojar tus pertenencias de mi mente y no me acostumbro todavía a soñarte cada noche.

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