Se perdió uno de mis sacapuntas, me da tristeza porque se podría decir que era el consentido. Era metálico y brillaba más que una joya enamorada. Tenía dos calibres, el pequeño sacaba una punta pronunciada y aguda, el grande sólo lo necesario para escribir un corto pensamiento vano. Me gustan las dos formas, dependiendo de la longitud del lápiz es como escojo qué calibre utilizar. Ahora, por ejemplo, estoy con el tipo A (el primero de los referidos), porque el lápiz es nuevo. Cuando se está terminando recurro a la otra forma porque pela menos madera, se diría que desperdicia menos lápiz, pero no, siendo tan poco el grafito que sobresale hay que sacar punta de continuo, y, ya lo dice la gente: tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe, los lápices se acababan mientras que el sacapuntas seguía allí, afilado, estaba en la primera edad, sus tiernos tornillos todavía se ruborizaban con el simple roce del lápiz. Era pesado como la conciencia, pero también eficaz, no hubo una sola vez en que fallara o en que se le atorara una punta rota siquiera, ¿cuántos hombres podemos ufanarnos de lo mismo? Por otro lado, el oficio de los hombres y de los sacapuntas es muy distinto, unos se dedican a sacar punta, los otros a ser utilizados para dicho fin.
sábado, 4 de diciembre de 2010
Sacapuntear
Se perdió uno de mis sacapuntas, me da tristeza porque se podría decir que era el consentido. Era metálico y brillaba más que una joya enamorada. Tenía dos calibres, el pequeño sacaba una punta pronunciada y aguda, el grande sólo lo necesario para escribir un corto pensamiento vano. Me gustan las dos formas, dependiendo de la longitud del lápiz es como escojo qué calibre utilizar. Ahora, por ejemplo, estoy con el tipo A (el primero de los referidos), porque el lápiz es nuevo. Cuando se está terminando recurro a la otra forma porque pela menos madera, se diría que desperdicia menos lápiz, pero no, siendo tan poco el grafito que sobresale hay que sacar punta de continuo, y, ya lo dice la gente: tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe, los lápices se acababan mientras que el sacapuntas seguía allí, afilado, estaba en la primera edad, sus tiernos tornillos todavía se ruborizaban con el simple roce del lápiz. Era pesado como la conciencia, pero también eficaz, no hubo una sola vez en que fallara o en que se le atorara una punta rota siquiera, ¿cuántos hombres podemos ufanarnos de lo mismo? Por otro lado, el oficio de los hombres y de los sacapuntas es muy distinto, unos se dedican a sacar punta, los otros a ser utilizados para dicho fin.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario