¿Qué me trajeron los reyes magos? Un día lleno de día, una boca colmada de improperios, un cuarto de tequila, un paquete de pilas triple A, y un charco de humo recogido en una copa de cristal cortado.
Un 99 por ciento de mi petición fue satisfecho con la eficacia de un condón, lo cual es digno de admiración y agradecimiento ya que la carta la hice muy a destiempo, de hecho, la acabo de escribir en el párrafo anterior. Un solo detalle faltó y fue el siguiente: que también me trajeran, además de lo anterior, una muñeca de azúcar con su trufa pubescente en el centro del mantel, un nopal en la cabeza y una garra de cacao. Debieron de haber tomado en cuenta que en mi ocndición de ateo lo que más deseo es hallar a mi Dios, sea bueno o malo o europeo, pero que llene mi mesa de alimento para hambrear la soledad y la tristeza por un momento.
El año entrante voy a ser menos ambicioso, es más, de una vez hago el pedido: un suéter rojo, un globo todo terreno, la discografía de Pearl Jam (no descargada de Taringa), la voz de la inexperiencia y un helado de limón.
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