sábado, 10 de septiembre de 2011
De pastor
Hipnóticamente, parpadeaba el foco trasero de una bicicleta de policía que, despacio, circulaba por la calle y pasaba enfrente de mí mientras me llevaba a la boca mi quinto taco de pastor para darle una buena mordida. Estrechada, mas no estrecha, estrechada por los coches estacionados a los lados, la calle atiborrada de noctámbulos perdidos exigió un sacrificio que aceitara sus engranes. En el cielo no había estrellas, o, si se quiere, en las estrellas no había brillo, el punto es que era una noche negra, pasó un vocho ruidoso echándose pedos por el mofle, y ahora es cuando debo reconocer pese a todo la destreza del chofer al conducir en zig-zag en un espacio tan limitado, por mi parte le cortaría las manos para que no volviera a tocar un volante en su vida, sin embargo, de algún modo se las arregló para irse limpio. El poli montado en la bici apuró el pedaleo con sus botas gastadas, la luz guiñando en el asiento, tragué un bocado. Y, en seguida, el taquero que atendía el changarro cayó fulminado de un infarto cerebral. Aquella noche también me bebí un Jarrito de limón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario