Yo no soy un filósofo. No quiero filosofar, ni pretendo filosofar, y, tampoco me interesa filosofar. Reconozco que no soy quien para hacer filosofía porque se confundiría con una burla descarada del monstruo que habita y aterra las secas tierras del interior. Además, con tantas filosofías que hay ya navegando y naufragando en la Filosofía, la mía no podría ni al menos bracear de lo lánguida que está. No filosofo a voluntad, si a veces insinúo algo parecido a la Verdad, en seguida me desdigo y rectifico mis palabras.
Una sola cosa tengo, de tan clara, marcada en la espalda, que la tierra sigue siendo plana, incluso más que antes de que Galileo la redondeara.
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