lunes, 2 de mayo de 2011

El sueño de la razón produce monstruos

En la locura y media de una noche

por entero sumergida en la falsedad

de sus declaraciones me bronceo con

el sol de una mirada que absorbe mi

atención por su extrañeza, tengo la

impresión de ser observado por una

esfinge cuyos ojos son dos

catastróficas tormentas de arena que

me arrasan. Hay un sutíl perfume

tóxico pero delicioso en el ambiente

que me confunde y me marea, me

traslado a su órbita, su atracción

es muy fuerte, hay un choque. Cuando

despierto del embrujo esos ojos se

han ido y desconozco quién soy por

unos días, hasta que la vuelvo a

ver. De ahora en adelante no

reconoceré más Paraíso que su brillo

ni otro infierno que su sueño.

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