domingo, 23 de enero de 2011

Tipo cualquiera

Soy de esos tipos que apachurran el tubo del dentífrico desde abajo, obsesionado por la limpieza mientras no sea de conciencia, he aprendido rápido a ocultar las evidencias, entierro mi cadáver bajo una libreta, donde dibujo palabras de caras largas. Persona tranquila, triste, efusiva. Viva. Aficionado a leer incluso aquello que vale la pena, a salir por un trago y regresar con cincuenta. Soy fan de la derrota, hermana fea pero ingeniosa de la victoria vana, tonta. Soy prohibición en cualquier lado pues domino como nadie las finas artes del vicio y el descaro. Mi lengua de acero templado no se hizo para andarse con cuidado, mi voz polvorienta es producto de los vinos más viejos, mi tono es de enemistad, mi mirada de perro melancólico extraviado en el desierto delata mi agonía. Nací en un hoyo funkie si mal no recuerdo que estaba en la esquina del infierno y a dos pasos de una mina de cocaína. Rápidamente, me hice de amigos desvirtuados y de enemigos invaluables. Me autonombré represor de mí mismo y mandé guillotinar mi destino, luego robé mi pensión de ahorro para el retiro. En resumen: soy un tipo cualquiera, muy parecido a cualquier hijo de vecino.

jueves, 20 de enero de 2011

Sobre la alegría y sus consecuencias

Mis sueños se tejen a la sombra de un rayo que nació de su mirada inquisitiva.

Mis ambiciones están frustradas desde que ella es mi única ambición.

No hay ciencia que valga una vida si no se dedica a estudiar sus riñones, sus tripas, su larga sequía de amor a mí.

Mi sangre incolora enrojece sólo de pensar en ella y circula sólo para que la flama tenue de esa vela que es mi corazón ilumine su retrato.

Con resignación admito que yo mismo me arrastré hacia su magneto.

Mis dedos, siempre tan fríos, le escriben ahora desde las entrañas.

Que se parta la tierra en pedazos si ella me abre sus brazos. No me importa.

Pero lo que más jode es saber que ella no es más que una teoría fruto de la fantasía mía sobre la alegría y sus consecuencias.

miércoles, 19 de enero de 2011

Cosquillas

Esta madrugada más alterado estoy que nunca antes. Recorrí el río de los Remedios, de los Nervios, de los Recuerdos Inofensivos donde los haya. Sopa industrial de niña vieja is what I had en la mañana. No me quejo del camino aunque la fecha de entrega ya expiró el paquete no ha explotado. Sabe a hueso la abstinencia carnal, sabe a madre. Y a santidad. Me doy en las narices contra el viento espasmódico y negro, se interrumpe mi sendero por la grieta del pubis de la dueña de mis puñetas. Me siento a escribir en sus paredes con la sangre de mis uñas. Casi he terminado de vaciar el cuaderno, una ráfaga de palabras punzocortantes choca en el muro de agua de una cascada artificial. El avión volaba bajo tierra cuando caí en las profundidades de una tumba horizontal y un álter álter álter álter ego de mi álter ego principal se fue de pesca por las costuras de su intimidad. Mientras, las madrugadas de enero le hacen cosquillas, por dentro, al firmamento.

jueves, 13 de enero de 2011

Suministros adelantados

Mis hoyeres juveniles traen consigo un desencanto general,

Mis hoyeres reprimidos traen desfiles de viento y sólo eso,

Mis hoyeres tan febriles tienen un amigo en cada perro del mal,

Mis hoyeres hoy tan idos visten harapos, mas no textiles, sino del seso,



Mis hoyeres no robaron el cigarro del comedor,


Mis hoyeres amanecen vendados de los ojos,

Mis hoyeres son un gato mimado y gordo como yo,

Mis hoyeres están en riesgo de desalojo,



Mis hoyeres, ya sea que se hayan ido o que se hallan idos,


Mis hoyeres, ya sea que anden de viaje o en un mal viaje,

Mis hoyeres, tan parientes del pasado y de sus primos,

Mis hoyeres, ya sean pésimos o peor, siempre serán mi primer equipaje,



Mi dulce más amargo,


Mis suicidios más recientes,

Mi más sincero pésame a ese vago,

Mi meta más lejana son los dientes,



Mis hoyeres van de puerta en puerta buscando un fugitivo,


Un triste y pobre diablo que siempre mete la pata,

Un prófugo de sí que escapó por su ombligo,

Mis hoyeres se embriagaron y llegan con resaca,



Mis hoyeres viven solos, pero mal acompañados,


Mis hoyeres ríen de todo lo que no hace reír,

Mis hoyeres son y somos suministros adelantados,

Mis hoyeres comen poco pero piden mucho para vivir.

lunes, 10 de enero de 2011

Los confines

…así que me perdí en mis propios confines. Sudando hielo desperté una mañana plomiza en la banqueta de un sucio callejón atascado de vómito, de sangre, de semen cuajado, de mi rostro. Me levanté de la dura almohada no sin gran esfuerzo y dolor, le pregunté a alguien la hora, la fecha. Eran las neurastenia y media del quinto día de un mes que no figura en el calendario. ¿En dónde estoy?, le pregunté después, pero no supo contestarme. En la esquina había un chico mascando pared, traté de interrogarlo mas con conseguí de él ni una palabra, sólo me miraba en espiral, lo cual me pareció la respuesta indicada a cualquiera de mis dudas, por lo que lo maté de un fuerte leñazo en la nuca.

Todas las calles eran la misma, los rostros, parecidos, la música no existía, y en los periódicos se leían nefastos encabezados: Se ha perdido otra embarcación de Amor, Preparaos, la temporada de sequía se extiende, Por las nubes el costo del precióleo, Las aguas se contaminan de cólera una vez más. Decapité al voceador con una primera plana y continué mi camino exploratorio. Miré al cielo buscando el sol o la luna, pero las gruesas nubes, casi sólidas, impedían ver más allá de su miel quemada.

Muchas de las farolas no servían, la oscuridad era el abrigo perfecto para mi sombra, que me sonreía cada vez que me detenía frente a un charco de laguna mental, diciéndome que, por lo que más quisiera, no volteara para atrás.

Llegué a un parque y allí compré una bolsa de dulces envenenados para dar a los niños, aunque fue un desperdicio porque sólo uno comió, el resto se lo eché a las palomas y a las ardillas.

En ciertas ocasiones tuve la impresión de que me vigilaban, una vez volteé y me descubrí a mí, ahí, detrás de mí, mirando a mi vez hacia atrás y pillándome de nuevo mientras volteo hacia mis espaldas. Durante ese ligero descuido me acerqué y me agarré de mi cuello con tanta violencia que lo abrí en un segundo.

domingo, 9 de enero de 2011

Brotando

Me divierto mucho jugando a ser yo, imitándome a mí mismo, no de una manera solemne como cuando se hace por admiración, no, sino a modo de parodia, me hago bromas de mal gusto y burlas despiadadas. Si te interesa también te lo puedo hacer a ti, si te atreves a cambiar tu moneda por mi divisa devaluadadeslavadasalvada, miles de veces auxiliada por bancos quebrados. Me divierto fraguando mentiras más sólidas que su frívola antagonista, haciendo creer mas no engañando, sino rodeando un poco antes de llegar al mismo lugar, zumban las abejas los helados de excremento y de cemento, de mierda y hierba. Tu cesión es mi nueva diversión. Abre la puerta, no prendas la luz, siéntate al lado de tu hueco, vuelve la vista hacia las nubes, devuelve la vida a su regazo.

Bloguerrero

La vida está allá afuera, dice el niño bastardo de los ojos de algodón, lo cual es una verdad a medias porque la vida y la cartera son las dos cosas que uno más pierde en la vida. Por ser tan insignificantes, siempre se olvidan, en una banca, en la barra de la cantina, en un eclesial bostezo dominguero, en el camión. Afuera o adentro da lo mismo, la vida a veces está y otras no está, piensa el niño bastardo de los ojos de algodón, mirada de hierro candente que no se despega de su laptop. Los fines de semana los pasa, sin excepción, en Cuernabook, es cristiano por imposición pero blogger por convicción, lector asiduo de posts de quinta (o de primera, que es lo mismo). Nadie lo rescata de la red porque él no pide ser salvado, y, además, ¿de qué o de quién hay que salvarlo? si aquí cada quien se entrega en humano sacrificio o monta sus armas con lo que hay. Si de alguien hay que guardar al niño bastardo de los ojos de algodón, es de su mundo intransitable y su traicionero superyó.

sábado, 8 de enero de 2011

Ejercicio

Ni un marco valgo, soy el cerco que encuadra la pintura sin tocarla ni ser parte de ella, el corazón (bomba de sal) corredor mas no velocista las aspas desencaja de la licuadora de nervios y huesos y amarillo, mi piel arranca a mordidas su pieza clave, mi lápiz, tu borrador.

jueves, 6 de enero de 2011

Ficcionaria

Nadie duerme esta noche, todos vigilan desde la ventana armados hasta los dientes, y sólo hay humo de cigarro como cena y como postre. Esta noche hay que tener precaución, al conducir es mejor revisar los frenos de un amor acelerado antes de salir. La soledad no es una opción, tampoco un lujo, sino un bosquejo inacabado del duro oficio de vivir. Esta noche es seca e igual que su fruto me duerme la lengua y brinca en mi pecho. La lluvia no cesa, la luna no vibra, nadie sale de casa, hoy ni un muerto arriesgaría la vida. La mente derrapa en la curva más cerrada de su autopista ficcionaria. Hay un hombre tirado bajo un gozne marchito, su mujer aun no llega. Los libros se niegan a abrir sus puertas, no quieren meter las narices por acá, les parece idiota esta interpretación nuestra de realidad. El aire es una tela de juicio que no para de gritar, un árbol murió pero nadie lo ha notado, excepto las plantas de mis pies. El coche del vecino, los cables de la luz, los meados de perro, los grillos, estamos preocupados, hay reunión en el centro del hueco del ombligo de Dios Poderosotodo.

Eficacia

¿Qué me trajeron los reyes magos? Un día lleno de día, una boca colmada de improperios, un cuarto de tequila, un paquete de pilas triple A, y un charco de humo recogido en una copa de cristal cortado.

Un 99 por ciento de mi petición fue satisfecho con la eficacia de un condón, lo cual es digno de admiración y agradecimiento ya que la carta la hice muy a destiempo, de hecho, la acabo de escribir en el párrafo anterior. Un solo detalle faltó y fue el siguiente: que también me trajeran, además de lo anterior, una muñeca de azúcar con su trufa pubescente en el centro del mantel, un nopal en la cabeza y una garra de cacao. Debieron de haber tomado en cuenta que en mi ocndición de ateo lo que más deseo es hallar a mi Dios, sea bueno o malo o europeo, pero que llene mi mesa de alimento para hambrear la soledad y la tristeza por un momento.

El año entrante voy a ser menos ambicioso, es más, de una vez hago el pedido: un suéter rojo, un globo todo terreno, la discografía de Pearl Jam (no descargada de Taringa), la voz de la inexperiencia y un helado de limón.

martes, 4 de enero de 2011

Sangre para morder...

La realidad es una culebra de mil colas, si uno la pisa muerde antes de morir, y, si se le perdona la vida, ella lo aplasta a uno porque, de hecho, no es una culebra, sino un peso muerto que cae en medio de la carretera. La realidad es una ciruela sin madurar que deja en los labios un sabor gris metálico, decadente, a quien la prueba, y a quien la rechaza lo mata de antojo.

A mí no me funciona la realidad, me hace ver gordo, no mucho, pero en definitiva, más de lo que soy realmente. También da comezón, y caspa, e inhibe casi por completo el apetito sexual ya que llega abruptamente y quita el sueño, lo despoja a uno de esa fantasía que tanto demoró en construir. Es real cuando el aire frío de la soledad se cuela por la ventana, llega a los pulmones y se transforma en sangre para macerar filete de ninfa. Y esa realidad brota a chorros cada vez que me abro la cabeza en busca de herramientas: carcomido baúl donde guardo mis verdaderos juguetes y archivo mis estados de cuenta, tomando en cuenta sólo mi estado de ánimo. Aunque, en realidad, lo único que cuenta en este estado de excepción es lo que uno almacene en la cochera.

lunes, 3 de enero de 2011

Filosofía en rebaja

Yo no soy un filósofo. No quiero filosofar, ni pretendo filosofar, y, tampoco me interesa filosofar. Reconozco que no soy quien para hacer filosofía porque se confundiría con una burla descarada del monstruo que habita y aterra las secas tierras del interior. Además, con tantas filosofías que hay ya navegando y naufragando en la Filosofía, la mía no podría ni al menos bracear de lo lánguida que está. No filosofo a voluntad, si a veces insinúo algo parecido a la Verdad, en seguida me desdigo y rectifico mis palabras.

Una sola cosa tengo, de tan clara, marcada en la espalda, que la tierra sigue siendo plana, incluso más que antes de que Galileo la redondeara.

domingo, 2 de enero de 2011

Blight

Se disipaba el más denso humo de un cigarro marihuano para dejarla pasar. Sus pupilas, faros que, más que azules, eran morados, no titilaban ni aun cuando los párpados caían. No le temblaba la voz para partir el alma, la madre, o el corazón. Se dio su apogeo en tiempos mucho más macabros que éste. Decía que tenía treinta y dos aunque parecía de veintitrés pero si decía lo contrario le pasaba al revés. Bailaba desnuda sobre mesas de billar cuando le daba la gana y así se ahorraba la cuenta. Vivía en un penthouse de dos metros cuadrados. Dormía en una cama King size al lado de sus cinco hermanos. Blight se llamaba. Su piel ambarina fosilizó un lunar en la barbilla. Sus piernas venían de una revista hentai. Sus brazos violados nunca aprendieron a abrazar. Tocaba guitarra y lo hacía excelente aunque nunca lo supo. Tampoco supo jamás hacer el amor. Pero era lo que hacía mejor. Venía de una distante constelación marginada en un sector popular. Se iba sin decir nada de un bar o de un cine o de la cama. Para su oficio nunca hubo vacantes. Era soñadora de interiores, y, ya que no trabajaba, se dedicaba a soñar despierta que exteriorizaba sus pasiones. Se enamoró una noche decembrina y clara de una cara en la pared. De una cara mal pintada que buscó sin descanso y en nadie encontró. El rostro de la vejez la alcanzó antes que el de su amor. No dejó de bailar. Ni dejó de ir al bar. Sólo lo dejó de buscar.